ESA ENFERMEDAD LLAMADA FÚTBOL

DEL ERROR AL APRENDIZAJE

En el camino a la deconstrucción del continente latinoamericano la multiplicidad de factores que contribuyen a este proceso incluyen sin lugar a dudas al fútbol, ya que quizás es uno de los principales junto con la música y la gastronomía.

Bucear en la tradición futbolera de un país latinoamericano además de sociológicamente interesante tiene ese plus que justamente hace que el fútbol sea lo que es y lo que genera: una pasión inexplicablemente hermosa y al mismo tiempo difícil de entender o definir.

Por ser un -inexplicable también- coleccionista de camisetas, sabía de antemano que de cada país tenía que llevarme una camiseta. De recuerdo. De colección. La de la selección boliviana -una de mis preferidas y en el top 3 de las más hermosas que tengo- ya la había comprado en La Paz hace siete años. Esta vez mi paso por Cochabamba coincidió con enterarme que Bolívar y San Lorenzo jugaban una instancia de copa internacional. Mi anticuervismo fue más fuerte. En La Cancha , el enorme mercado cochabambino, me compré la celeste casaca del Bolívar. Por anticuervo, por el nombre del Libertador. Por irracional.

Llego a La Paz. Me recibe Mariano que para mi grata sorpresa era entre otras cosas, fanático de Boca y de The Strongest. Y yo con la del Bolívar. Mi auto-verguenza ajena se fue diluyendo con los días, escuchando a Mariano hablar con pasión de ambos clubes. Leí literatura del Strongest, incluso textos de Mariano sobre el Strongest -leer a un argentino enfermo de Boca destilar tanta pasión por un club boliviano ayuda a ponerlo a uno en órbita- y entendí un poco mejor cuál era el camino a seguir más adelante. Un camino que igualmente fue marcado de nacimiento. Boca, el Pueblo, los barrios bajos y pobres de inmigrantes, las tragedias y los clubes hermanados, el sufrimiento futbolero, la pasión, el carnaval. Entendí que fue un error. La camiseta del Bolívar sigue conmigo pero ya no es lo mismo. Volveré a Bolivia, volveré por vos Strongest.

PERÚ. PASIÓN ALIANCISTA Y MORADA.

Habiendo aprendido del traspié boliviano con Bolívar y sin haber podido ir a la cancha en el altiplano, encaré Perú de otra forma. Esta vez no tenía dudas. Alianza Lima al igual que The Strongest en Bolivia y Boca en Argentina; es el club Pueblo del Perú. Y con una tragedia similar. La tragedia de Viloco para el Tigre boliviano y la de Ventanilla para Alianza Lima. Aviones caídos. Planteles consagrados completamente perdidos. Orígenes populares.

Según Aldo Panfichi y Jorge Thierold en “Clubes y Barras: Alianza Lima y Universitario de Deportes”; “Son tres los factores sociales y culturales que confluyeron en la formación de la identidad inicial del Club Alianza Lima: el sentimiento comunitario de barrio, la cultura urbana de la plebe negra y mestiza, y la pertenencia a la clase obrera”.

Cuando el fútbol en el Perú de principios del siglo XX recién comenzaba a desarrollarse, su acceso estuvo limitado a la clase adinerada. Sin embargo con el tiempo su práctica se expandió por las zonas más empobrecidas de Lima y alrededores. De esta manera, la difusión del fútbol aumentó en forma progresiva. La creación de Alianza Lima (en un principio Sport Alianza) fue la antítesis de esta idea del fútbol elitista y equipos poderosos o ricos, debido a que se fundó en un ambiente netamente popular, sin contar con ninguna influencia de las altas esferas de la sociedad limeña. Estos factores contribuyeron a identificarlo como el equipo de la clase obrera.La imagen de Alianza como equipo popular aumentó cada vez más, atrayendo a muchos simpatizantes de bajas condiciones, quienes identificaban en las victorias aliancistas su propio triunfo frente a la adversidad. El triunfo de los más pobres frente a los ricos traspolado a otras esferas de la vida cotidiana.

A estos orígenes socio históricos  del club limeño que hacen imposible no sentirse identificado, no quererlo, se suma el factor folklórico-místico. Octubre en Perú es el mes de la procesión del Señor de los Milagros, el Cristo de Pachacamilla. Lima se tiñe de morado, y el equipo más popular no podía ser ajeno a esto. Cuenta la leyenda que el utilero José Carrión, devoto de esta tradición decidió modificar la indumentaria del club cambiando el blanquiazul por el morado. El cambio tuvo efectos en el resultado y desde entonces, cada Octubre el Alianza modifica sus colores. Incluida la participación del plantel completo en las diversas procesiones por las calles céntricas de la ciudad. Otras leyendas indican que más de una vez la imagen del Cristo de Pachacamilla fue “custodiada” por hinchas fanáticos del club en barrios significativamente identificados al club.

«En Lima,
todo moreno,
cuando llega el mes de octubre,
con el hábito se cubre
de su Señor Nazareno.
Alianza, por no ser menos,
salió de morado encima».

Nicomedes Santa Cruz.

EL ESTADIO NACIONAL Y LAS CONTRADICCIONES

El 22 de Octubre se jugaba el Superclásico. El equipo del Pueblo peruano contra Universitario. El equipo fundado por obreros contra el equipo fundado por estudiantes de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. El Pueblo versus la elite académica. Con Lucía no lo dudamos. Hace rato veníamos expresando deseos por ir a ver al Alianza a la cancha. Una mezcla de empatía con el club peruano que adoptamos y añoranza de la cancha en Argentina. Una seguidora fanática de Nueva Chicago y un abonado al León Kolbowski bohemio y bostero al menos coincidían en la elección del club limeño. Pero no todo pudo ser color morado.

La cercanía a la compra de entradas -de pura suerte por la velocidad con que se agotaron- no nos dejó otra opción que ir del lado merengue, de Universitario. No importaba. Era ir al Estadio Nacional y ¿al fin y al cabo? era ir a ver fútbol. Pasado cierto traspié de casi no poder entrar por llegar tarde y tener entradas para menores de edad, finalmente ahí estábamos. Dos argentos en pleno superclásico latinoamericano. Deconstruyendo el fútbol peruano. Pasada la emoción inicial de entrar a semejante estadio, en un país ajeno y en un superclásico cuyo resultado, más allá de la empatía no nos modificaba sustancialmente,empezamos a sentir ciertas contradicciones propias de -como se dijo se dijo antes- ser ajenos. Contradicciones que principalmente fueron producto de esa glándula pasional e irracional que se segrega sola al estar en una tribuna. Glándula que no se segrega cuando en la comodidad de la casa y el sillón ves en pantalla plana un partido de clubes ajenos y de otro país.

No. Se segrega cuando pasas dos minutos sentado al costado y alejado de la barra y te das cuenta que sos un embole como espectador. Cuando te mirás con la otra persona y decís “yo paraba arriba de los pibes de Loyola y vos en Mercado de Hacienda….vamos al medio de la hinchada, de la fiesta” . Cuando más allá de que queríamos que gane Alianza, por motivos de fuerza mayor terminamos con la hinchada rival, en la tribuna Norte, puteando a los jugadores de Universitario por no correr, por no meter huevo. Inexplicable. Pero hermoso como lo es el fútbol en sí y todo su folklore. Hermoso como volver a sentir lo que es la adrenalina de estar en una tribuna -por más ajena que sea- y sentir esa ebullición masiva de pasión, de alentar unos colores. Hermoso como comprar las dos camisetas de edición especial morada del Alianza al finalizar el partido y más hermoso reemplazar el paty o chori de cancha por un hígado saltado con arroz e Inka Kola. La hermosura del folklore futbolero en la cancha que aunque distinto es igual en cada país.

El panquequismo instantáneo sólo puede ser explicado y justificado tal vez por ser ajenos, por ser víctimas de años en una tribuna saltando y alentando al propio equipo. Víctimas de esa inexplicable irracionalidad que genera entrar a un estadio a empaparse de la pasión por el fútbol en todos y cada uno de los países de latinoamérica y sentirlo en carne propia.

Por suerte quedan varios países por recorrer. Quedan varias camisetas por comprar, varios equipos por los que sentirme identificado. Bastante latinoamérica para deconstruir con la pelota y la pasión como excusas.

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